martes, 28 de febrero de 2017

#19 Conato

Escribe un relato cuyo personaje atormentado solo vea el suicidio como solución.

La alarma suena y él da varias vueltas en la cama antes de estirar el brazo y apagarla. Se sienta en el borde de la cama a la espera de que el dolor de cabeza se le pase, pero no lo hace. Intenta pensar en lo que hizo antes de ir a dormir, si acaso se tomó alguna copa que justifique la migraña. No recuerda nada.

Se lava la cara, desayuna, se viste y sale de casa. La rutina de siempre. El tren llega tarde, algo normal, y cuando lo hace está lleno. Durante todo el trayecto se golpea contra los demás pasajeros entre sus olores y conversaciones matutinas. Oye a una pareja hablando en portugués y sonríe pensando en el viaje de fin de curso con su instituto. Fue de los últimos momentos en los que fue feliz de verdad. Baja en su parada y tras dos minutos andando llega a la oficina. Y allí se pasa todo el día, deseando poder volver a casa para dormir y despertarse y tener que volver a trabajar. Ya por la tarde se despide de sus colegas y vuelve a coger el tren a hora punta. Cuando llega a su casa se desviste, cena y ve un rato la tele sin mirarla.

Mira el reloj y ve que ya es tarde, debería irse a dormir. Va al baño y mientras se lava los dientes su mirada se posa en el pequeño armario donde guarda todas sus pastillas. Durante mucho tiempo ha estado pensando en hacerlo, pero nunca ha tenido el coraje. Lo abre y uno por uno va dejando los botes sobre el borde de la pica. Y por fin lo hace.



Cuando abre los ojos está estirado en el frío suelo del lavabo... O debería estar frío, porque no siente nada. Se levanta y es cuando se ve a si mismo estirado, muerto. Sale de allí desconcertado, sabiendo lo que está pasando pero sin querer reconocerlo. Va hacia el comedor y allí se encuentra a una niña sentada en su sofá.

-Hola -la niña lo saluda con las piernas colgando y una sonrisa en sus labios-. ¿Cómo estás?

-¿Qui.. quién eres?

-Una vieja amiga. Venga, siéntate, no seas tímido.

Él le hace caso y la mira, sintiendo que una parte de su cerebro la reconoce. Va a volver a preguntarle quién es pero las lágrimas se lo impiden. La chica se acerca a él y le abraza. Poco a poco él se va calmando y la niña vuelve a su sitio.

-¿Por qué lo has hecho? Sabes que el suicidio no es la solución.

El hombre se mira las manos, incómodo, sin encontrar una respuesta.

-¿Cuál es el problema? ¿El trabajo? El otro día me dijiste que... -él alza la vista y la niña cierra los ojos, sabiendo que ha cometido un error-. Lo que quiero decir es que puedes dejar tu trabajo y buscar otro. Sé que es difícil, y más en estos tiempos, pero es un sacrificio aceptable si lo que vas a conseguir es tu vida. Deben de haber cientos de cosas que quieres hacer antes de morir. Pues venga, hazlas.

-Siempre he querido viajar...

-¿Y quién te lo impide? Tú. Tienes dinero guardado para emergencias, ¿a que sí? Esto lo es. ¿Y qué me dices del arte? Debe de haber algo que siempre hayas querido hacer en ese sentido.

-De pequeño me gustaba actuar. Mis padres me apuntaron a una optativa de teatro en el colegio y me gustó mucho.

-Seguro que hay cientos de compañías o escuelas de interpretación esperando que te apuntes y les demuestres lo que sabes hacer.

El hombre dibujó un esbozo de sonrisa en su rostro, imaginándose delante de un escenario con una máscara griega. 

-¡Eso es! ¡Sonríe! La vida está llena de posibilidades, solo debes lanzarte a descubrirlas.

-Creo que tienes razón. Pero estoy... muerto, ¿no?

-Sí, ¿qué pasa?

-¿Cómo voy a hacer todo eso que me estás diciendo si he muerto?

-Ese es mi trabajo, tú no te preocupes. 



La alarma suena y él la apaga para evitar que le haga aún más daño la cabeza. Se toma una aspirina sin saber a qué se debe el dolor, ya que no recuerda nada de la noche anterior. 

En el tren consigue asiento (todo un logro a hora punta) y se queda mirando por la ventana. A su lado un chico y una chica hablan sobre teatro y él se entera de que están en una compañía de su pueblo. Recuerda la vez que se apuntó a una extraescolar de teatro en primaria y lo bien que lo pasó entonces.

Baja en la parada de siempre y llega a la oficina. Esa es la última vez que pisa el edificio.

Guillermo Domínguez

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