jueves, 21 de enero de 2016

#3 Amor paterno

Empieza una historia con: “Estoy de pie en mi cocina…”. Debe ser una historia de suspense.

Estoy de pie en mi cocina, preparando la cena. Abro el armario que hay encima de la pica y de él saco dos platos. Estoy rellenando uno de ellos con la sopa que acabo de hacer, cuando me doy cuenta de lo estúpido que soy. Miro el segundo plato, aún vacío y noto como la tristeza va llenando mi pecho, hasta que no puedo ni respirar. Cojo una silla y me siento en ella. Apoyo la cara en mis manos y empiezan a caer las lágrimas. No necesito ningún otro plato porque estoy solo en casa, y parece que no soy capaz de superarlo.
A mi mente empiezan a venir imágenes de unos faros apuntando directamente hacia mí, entre la oscuridad de la noche, y oigo sus gritos a mi lado. Pero no soy capaz de girar el volante a tiempo y noto la embestida del camión. Me desperté en el hospital, con la cabeza vendada y poco más. “¡Has tenido suerte!”, dice una enfermera, sonriendo para animarme y con un gorrito de Santa Claus. Supongo que, aunque tenga que trabajar en Nochebuena, no pierde el espíritu navideño. Pero cuando pregunto por mi hija, que iba de copiloto, le cambia la cara. No hace falta que diga nada, porque puedo verlo en sus ojos.
No sobrevivió al accidente. Supongo que me llevé toda la suerte esa noche…
Cuando llegó mi ex-mujer empezó a gritarme y a llorar, como hacíamos siempre antes del divorcio. Pero esa vez es diferente, porque yo también lloré con ella. Y nos abrazamos. Empiezan a llegar familiares, amigos, con ramos de flores que empiezan a llenar la habitación. Todos dicen que no ha sido mi culpa… Pero eso no cambia las cosas. Desde ese día no me ha abandonado el sentimiento de culpabilidad, que me atormenta cada noche.
No puedo más, así que me pongo los zapatos y salgo de casa, dejando la sopa que se enfríe. Bajo las escaleras intentando no cruzarme con ningún vecino, no quiero que vean los ojos rojos de llorar. Solo faltaba eso para que hablaran aún más de mí.
En la calle empiezo a andar, sin rumbo fijo, yendo de farola en farola. Mi mente sigue dándole vueltas a lo ocurrido esa noche. ¿Hubiera cambiado algo que ni hubiera bebido? Y el hecho de que le estuviera gritando, ¿tuvo algo que ver? Me pregunto cosas sobre el destino, la vida después de la muerte, la existencia de dioses que permitieron eso, y esos pensamientos me abruman.
Un semáforo en rojo me obliga a pararme, y de pronto veo un ramo de flores enganchado allí. Parece que últimamente solo puedo ver muerte… Pienso en quién puede haber sido: un ama de casa con la compra en las manos, un niño volviendo de la escuela, un hombre de negocios con su maletín impecable lleno de papeles importantes…
“¡Has tenido mucha suerte!” Ojalá mi suerte hubiera sido diferente. Daría lo que fuera por haberme podido cambiar los papeles con Ariana… "No fue culpa tuya." "Estaremos contigo para lo que necesites." Y entre las voces de los familiares, que denotan odio hacia mí, aunque sus palabras digan lo contrario, también oigo su preciosa voz, gritándome.
“Te odio, ojalá pudiera ir siempre con mamá.” “En cuanto sea mayor de edad piensa largarme de casa.” “¡Déjame en paz!”
Y no tuve otro remedio que propinarle una bofetada. Me dolió muchísimo, pero era la única cosa que podía hacer, ni las palabras ni las promesas surtían efecto, y su voz no hacía más que aumentar de volumen. Y vuelvo a ver las luces delante de mí. Nunca podré quitármelas de la cabeza.
Un coche para delante del paso de cebra, y me doy cuenta que el semáforo ya ha cambiado de color, así que cruzo. Sigo con mi caminata nocturna, intentando no pensar en esto. Pero todas las cosas de las que me arrepiento dan vueltas en mi mente.
De pronto veo a una chica delante de mí, con el cabello castaño que le llegan a los hombros. Su mirada parece que no me reconoce, porque gira hacia la derecha. Y yo la sigo, porque es Ariana. Anda igual que ella, moviendo mucho la cadera, y va tarareando la canción favorita de mi hija. Más lágrimas, esta vez de felicidad, se deslizan sobre mi cara hasta caer hacia el suelo, porque aquello que he estado deseando por fin se ha hecho realidad.
No quiero decirle nada, no quiero que este espejismo desaparezca cuando intente tocarla. Así que la sigo durante un rato a cierta distancia. Toda la tristeza que he sentido hasta ahora empieza a desvanecerse, con la posibilidad de volver a mi vida anterior. Ya empiezo a hacer planes: la llevaré a su restaurante favorito, para pedirle perdón. Dejaré que se compre lo que quiera, e incluso le permitiré que vaya al concierto que tantas ganas tenía de ir. He recibido una segunda oportunidad, y no pienso desaprovecharla.
Pero de pronto gira por un callejón, el cual yo también giro. Allí está ella, mirándome a los ojos con miedo (sus ojos son verdes, tal y como son en cada fotografía que decora nuestra casa) y un spray de pimienta en la mano.
-¡Aléjese de mi! Si se acerca empezaré a gritar.
-Pero, cariño, ¿no me reconoces? Soy tu padre.
-¡Eso no es verdad!
Me acerco poco a poco, pero cada paso que doy en su dirección ella lo retrocede, más asustada. Alza el spray, que apunta directamente a mis ojos. Pero de golpe sale corriendo, huyendo de su propio padre. Y corro tras ella, mucho más rápido, y la atrapo enseguida, cayéndole el spray por el camino. Le tapo la boca con la mano, para que no grite, pero ella me la muerde. Aguanto el dolor y le golpeo la cabeza contra la pared. Cae al suelo, inconsciente y así puedo verla perfectamente.
Tiene la nariz muy puntiaguda, los ojos demasiado juntos y un piercing en la boca. Tiene la piel más oscura que ella, y ni siquiera lleva el collar que le regaló su madre para su último cumpleaños. La sangre le mancha el lado derecho de la cara, mostrándome con horror lo que acabo de hacer.
Intento huir, pero ya oigo las sirenas de la policía viniendo hacia aquí. Supongo que algún vecino habrá oído algo. Así que me siento contra la pared, pensando en lo que le diré al agente cuando llegue. Puedo oír la respiración de la chica, así que supongo que no me caerá una condena demasiado grande. Lo que más lamento es que ella siga estando muerta, que todo esto no haya servido de nada...
El coche se para delante del callejón, y yo me pongo de rodillas, con las manos detrás de la cabeza.
¿Qué diría Ariana si me viera?
Guillermo Domínguez

3 comentarios:

  1. ¡Hola, Guille!
    Me ha gustado tu relato: los pensamientos del padre llegan directos al lector, y mantienes la amargura sin caer en el profundo "oh-dios-es-mi-culpa-mi-culpa-mi-culpa" que resultaría una sobrecarga en un relato corto.

    Sin embargo, para mi gusto, le falta algo de pulido. Así que ahí va mi crítica/consejos -que puedes ignorar perfectamente si quieres porque es tu estilo de escritura-.

    El primer problema es la descripción de rutina del principio. Verás, aunque sé que había que empezarlo así -yo también estoy en el reto, sorpresa- la rutina, aunque introduzca el problema, no es el mejor modo de empezar a escribir algo. Es evidente que tienes que describir, porque no te queda otra, pero quizás podrías acortar incluso más la transición de "Estoy de pie en mi cocina" a "estúpido".

    Más cosas -lo siento, soy asquerosamente detallista-

    He visto algunas repeticiones y frases que describen algo que ya has dado a entender, por ejemplo "y parece que no soy capaz de superarlo" o "Desde ese día no me ha abandonado el sentimiento de culpabilidad, que me atormenta cada noche". Estás diciendo textualmente algo que ya has dejado ver entre líneas: estás repitiendote. ¡Confía en ti como escritor! Ya lo has dicho una vez, y lo has dicho muy bien, o al menos, eso creo yo.
    Una última cosa y te dejo en paz: la descripción en diálogo.
    En una escena como la del encontronazo con la chica, transcribir palabras sin más no basta, y hasta queda innatural. Por ejemplo, este fragmento.

    "-¡Aléjese de mi! Si se acerca empezaré a gritar.
    -Pero, cariño, ¿no me reconoces? Soy tu padre.
    -¡Eso no es verdad!"

    Realmente, si a mi me pasara eso, no creo que formulase oraciones de esa manera, y, desde luego, haría muchas otras cosas. Como parecer cagada de miedo. Y eso sí tienes que escribirlo: tienes que enseñar que no lo reconoce, que él está empeñado en que es su hija y que hace varios intentos de acercarse a la chica que lo único que quiere hacer es huir.

    Y ya me callo x)

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    Respuestas
    1. P.D.: NO, NO ME CALLO -me puedes odiar por esto, lo acepto-
      "Delante de mí", no "delante mío", por favor, por favor, por favor -sé que ha sido sin querer, pero yo soy una dramaqueen-

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    2. ¡Hola! Tranquila no te odio (igual un poco de tirria sí que te tengo :P), es más, me gusta que critiques, así la próxima vez lo tendré en cuenta. ¡Está todo apuntado! (Y ya he cambiado los "delante mío", ¡gracias!)
      ¡Hasta pronto!

      PD: Suerte que no viste la versión original, entonces habrías necesitado más del triple de párrafos para criticar todo xD

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