martes, 28 de marzo de 2017

#45 Medea

Crea un relato que contenga una escena en la ducha.

No sé en que momento Medea apareció por primera vez en mi mente. Al principio solo era un fantasma en el fondo de mi cabeza, al acecho. 

Ella aparecía en cada uno de mis relatos. Notaba su presencia entre mis páginas, observando el devenir de los hechos desde una posición privilegiada. Al final no hubo cuento sin una muchacha pelirroja que parecía estar en el momento adecuado en el sitio adecuado.

Descubrí su nombre mientras me duchaba, donde suelen ocurrirseme todas las ideas, y al darle nombre le di poder. Y así fue como Medea empezó a ocupar todos mis pensamientos, no dejaba de imaginar sus aventuras e intentaba proyectarlas sobre las páginas en blanco, sin éxito. No avanzaba más allá de la tercera página, sentía que a ella no le gustaba y me obligaba a empezar de nuevo una y otra vez. Tonto de mí pensaba que por fin mi musa me había encontrado. Quizá era una musa demasiado exigente, pero no podía quejarme. Rechazo tras rechazo habían conseguido que mis esperanzas desaparecieran poco a poco. Hasta que llegó ella, claro está.

Pronto me convertí en su escribano día y noche, un esclavo que transcribía cada una de sus palabras mientras mi cuerpo iba enfermando por la falta de comida y sueño.

A veces Medea me dejaba descansar, y yo aprovechaba esos momentos para volver al mundo. Pero ni siquiera en esos momentos estaba realmente en paz, siempre la veía entre las caras de los desconocidos, vigilándome por si me salía del camino que ella había creado para mí.

Un día conseguí salir de casa después de una noche en vela y mis pies me llevaron a una pequeña librería donde solía pasar las tardes leyendo y bebiendo el café que hacían en la planta de abajo. Paseé mi mirada por los estantes y allí la encontré: Medea me miraba desde la balda de arriba, con su melena roja mojada por la lluvia. Cogí el libro, Destello, y con solo leer la sinopsis supe que era ella. Incluso se llamaba igual. No pude evitar comprarlo, pero cuando estaba volviendo a casa algo (o alguien) me hizo tirarlo en medio de la calle, y salí corriendo para poder volver con ella.

Supongo que esto la enfadó, porque estuve una semana sin notar su presencia en la casa. No quiero hablar demasiado de esa semana, porque no fue agradable, pero solo os diré que cuando por fin volvió la acepté con los brazos abiertos y no la dejé escapar nunca más.

Empecé a hacer la compra por internet, no podía alejarme demasiado de mi estudio. Ni siquiera podía dormir: cuando me despertaba encontraba su nombre escrito infinitas veces sobre el papel, como si de un mantra se tratase.

En estos momentos noto sus ojos sobre mi nuca. Me ha permitido escribir mi historia, aunque sé que no me dejará que el mundo la conozca. Sé que se está riendo de mí, nunca me dejará ir, pero no puedo permitirle dejarla a ella. 

Ahora parece que ha vuelto a su madriguera. Solo tengo unos segundos antes de que vuelva. Por favor, quien quiera que esté leyendo esto necesito ayu

Guillermo Domínguez

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