martes, 6 de diciembre de 2016

#25 Creencias

Escribe un relato sobre un personaje que en su infancia fuera pobre y ahora rico, o viceversa.

-Dame todo lo que tienes, ¡rápido!
-Sí sí, pero por favor, no me hagas daño.
La pistola apunta temblorosa a la frente del hombre tras el mostrador. Coge la mochila que le entrega aquella chica con la cara tapada y la llena con todo lo que hay en la caja registradora, aunque no es mucho.
-¿Eso es todo? Dame tu reloj.
El hombre la mira a los agujeros del pasamontañas, pero se lleva la mano a la muñeca y también le deja el reloj en la mochila.
-Así está mejor. ¡Hasta luego!
Ella se lleva la pistola a la cabeza a modo de saludo y sale de allí corriendo. Sube al coche que le espera en la puerta de la gasolinera y le da un beso a la chica tras el volante a través del pasamontañas.
-Vamos, acelera, me ha parecido que ha apretado un botón bajo el mostrador.
-¡¿Qué?! Mierda.
Arranca el coche y se largan de allí. Irene deja la mochila con la pistola dentro en el asiento trasero, se quita el pasamontañas y estira los brazos. Todavía nota la sangre contra sus tímpanos.
-Tendrías que haber estado allí, aquel hombre estaba cagado. Al principio he hecho como si fuera mi primera vez y estuviera asustada, pero al final casi se me escapa la risa. Ey, ¿qué te pasa?
La conductora mira fija la carretera y de vez en cuando echa un vistazo por el retrovisor, en busca de coches de policía.
-Siara, mírame -la coge de la mandíbula con suavidad y la obliga a mirarla-. ¡Estás bien?
-No -aparta la mirada y vuelve a centrarse en la carretera-. Creo que deberíamos parar. Nos lo hemos pasado bien pero ya es hora de que volvamos a la realidad.
-¿La realidad? Eras tú la que quería escapar de su vida perfecta de mierda. Estuviste tan de acuerdo como yo cuando atracamos aquel estanco a las afueras. ¿O no?
-Sí… Pero creo que ya es suficiente. ¿Qué hubiera pasado si aquel hombre hubiera avisado a la policía de verdad?
-¿Ahora piensas en la policía? Joder, si este ha sido el golpe más fácil de todos.
Siguen el camino calladas hasta llegar a casa de Irene. Ella le va a dar un beso a Siara cuando esta se aparta un poco.
-¿Qué te pasa ahora?
-Irene, creo que deberíamos dejar de vernos…
-¿Que lo crees? Mira, cuando tengas alguna opinión de verdad y no “creencias” me avisas. Estoy harta de tus inseguridades. Ale, hasta mañana.
-Lo digo en serio. No podemos seguir juntas. No quiero robar más, estoy harta de esto.
-¿Harta? Claro, tú puedes volver a tu estupenda casa con tu estupenda y adinerada familia. ¿Y yo qué? Tendré que seguir aguantando la mía, y ponerme a trabajar para alimentarlos a todos. ¿Te das cuenta de lo egoísta que estás siendo?
-Si tan bien te ha ido conmigo supongo que podrás apañártelas sola.
-Muy bien. Pero cuando toda la perfección te aplaste por las noches y necesites que te liberen de tu castillo de oro no tendrás a nadie a quien llamar.
Irene coge la bolsa y se va. Sube a su piso y abre la puerta con suavidad, sus hermanos están durmiendo y no quiere despertarlos. Da las buenas noches a sus padres, que están viendo la televisión, y deja la mochila bajo su cama, con cuidado de no hacer mucho ruido, su hermana pequeña duerme en la cama de al lado. Coge un paquete de cigarrillos bajo el colchón y va al lavabo, donde se encierra. Es el único sitio donde puede fumar en paz. Y llora.


El móvil empieza a vibrar sobre su mesita de noche. Siara rueda sobre la cama y lo coge. Es Irene. No está segura de si cogerlo cuando deja de sonar. Pero entonces llega un mensaje: “Estoy abajo, ábreme”. Se asoma a la ventana y la ve en el porche, saludándola con el móvil en una mano y la otra en el bolsillo. Se pone la bata y baja en silencio, para no despertar a sus padres. Abre la puerta y antes de poder decir nada, Irene saca la pistola del bolsillo de su chaqueta y la apunta en el pecho.
-Apártate.
-¿Qué estás haciendo? No hace gracia Irene, suelta la pistola.
-¿Que la suelte? -Siara da unos pasos atrás e Irene entra en la casa-. Quédate quietecita, anda.
La casa está a oscuras e Irene empieza a subir las escaleras.
-¿Adónde vas? Irene, por favor, para.
-Si no quieres que te amordace o algo peor cállate. 
Las luces del piso de arriba se encienden y una pareja aparece en ropa interior.
-¿Qué está pasando aquí? -pregunta el padre, que acaba de darse cuenta de que la chica tiene una pistola en la mano y se pone delante de su mujer-.
-Nada, señor. Ahora mismo iba a su cuarto, me ha ahorrado tener que despertarle.
Los padres se miran horrorizados mientras ella sube las escaleras que le faltaban y con la pistola les indica que se aparten.
-Irene, voy a llamar a la policía -Siara le grita desde el piso de abajo, marcando el número de emergencias en su móvil pero sin llamar-. ¡Para!
-¿No le tenías tanto miedo a la poli? No quiero haceros daño, solo voy a coger el dinero de la  caja fuerte e irme antes de que os deis cuenta.
El padre se cruza en su camino, aún sin entender qué tiene que ver la ladrona con su hija.
-Señor, lo digo en serio, apártese.
Él tiembla en su sitio, pero no se mueve. Mientras, Siara ha subido las escaleras y se coloca detrás de Irene.
-Deja en paz a mi padre, por favor. Si no les haces daño te daré el dinero yo misma, Irene.
-¡Eso está mejor! Por una vez eres razonable.
El padre se aparta poco a poco y abraza a la madre, mientras las dos van hacia el dormitorio principal. Allí Siara abre el armario y aparta los trajes de su padre hacia un lado 
-Irene, aún estás a tiempo de no cometer una estupidez. Deja que arreglemos esto bien.
-Ya es tarde. Pon la puta combinación o la pondré yo, ¿o es que creías que no me la sabía? Te he visto muchas veces, no soy estúpida.
Siara vuelve la vista hacia la caja fuerte, empotrada en el fondo del armario, e introduce los números de seguridad. Irene la vigila todo el rato para que no meta ningún código falso. La puerta de la caja se abre e Irene le lanza la misma bolsa que la última vez. Siara la mira a los ojos, pero ella se queda quieta, esperando a que meta el dinero. Cuando lo hace le quita la mochila de las manos y se la pone a la espalda. 
-Bien hecho, Siara. Siento tener que haber recurrido a esto, pero no tenía otra opción. Tienes mucho más dinero en el banco, lo sé, para ti esto no es demasiado. Pero puede cambiarme la vida. Pensaba que tú lo entenderías.
-Claro que te entiendo. Me robas a mi porque no soportas que mi vida sea mejor que la tuya. Me has utilizado para que te ayudara a robar todo este tiempo. Seguro que en cuanto hubieras conseguido todo el dinero que quisieras te habrías comprado un billete y no me hubieras dicho ni adiós.
-Eso no es cierto. Tú me importas, pero no puedo seguir viviendo como hasta ahora. Lo siento.
Sin dejar de apuntarla sale de la habitación y se encuentra con el padre llamando a la policía con su móvil. Se lo quita de las manos y lo pisa, y sale corriendo escaleras abajo. Coge las llaves del coche de Siara que están en el cuenco del recibidor y sale corriendo de la casa. Siara la mira desde la ventana de la habitación de sus padres, y de fondo ya empiezan a oírse sirenas. Irene arranca el coche y huye.


Prueba el café con su nombre en un lado, pero está demasiado caliente todavía. Mientras espera a que se enfríe mira su móvil, hasta que alguien se sienta delante suyo. 
-Hola, Irene. ¿Cómo estás?
Ella la mira asustada y se levanta rápidamente. 
-Tranquila, he llamado a la policía en cuanto te he visto aquí sentada. Esta vez no podrás huir.
Irene se sienta de nuevo, y Siara la mira de arriba abajo. Está más elegante que la última vez que la vio. Se ha comprado ropa nueva y joyas. Incluso un móvil. Cuando la policía no pudo encontrarla fueron directos a casa de sus padres, pero allí tampoco estaba. Les interrogaron, sin resultado, y empezaron a buscarla por las ciudades de alrededor. Pronto dejaron de buscarla, aunque enviaron su foto a muchas comisarias, incluso a la televisión. Han pasado dos años desde entonces y, por sus pintas, le ha ido muy bien.
-Has conseguido salir de la miseria de la que huías. Espero que te lo hayas pasado bien estos dos años, porque no vas poder disfrutar mucho más tiempo.
-Siara, por favor, deja que me vaya. Creo que será mejor para las dos.
-¿Crees? Que insegura te has vuelto, no me lo esperaba de ti. Eso no te va a ir bien en la cárcel.
-Siara...
La puerta se abre y dos agentes entran a la cafetería. Siara se levanta y se va, dejando a Irene sola mientras la esposan.

Guillermo Domínguez

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